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Monthly Archives: febrero 2006

Silente y caluroso
rincón de Colima

Para quienes piensan que Coquimatlán puede pasar desapercibido dentro del escenario de constumbres, folklor y colorido en el bellisimo estado de Colima, tal vez han estado faltos de atención en aquellas sutilezas que hacen de Coquimatlán un lugar enigmático.

 

En algún momento de mi no muy plácida juventud, cierto "monje urbano de contemplación" (en el castellano más puro le dirían "haragán"), profirió palabras de sabiduría sobre la mejor forma de conocer la escencia de un pueblo; "si quieres conocer cómo es la gente de un pueblo, visita los tugurios y las iglesias".
Cito al incomprendido filósofo más para reconocerle autoría intelectual que como estandarte de mi propia convicción, que al fin y al cabo está de moda desmarcarse del pasado, si no, pregúntenle a Roberto Madrazo, él me dará la razón. Por tal motivo y por puro interés científico recorrí, sólamente, un par de iglesias y el balneario de "Los Amiales" dado mi renovado pudor que me impedía comprobar a cabalidad la teoría del Aristóteles de las banquetas.
 
 

 

Por quien "no" doblan las campanas

 

Cuanto garbo y gallardía

 
 

 

Un osasis llamado "Los Amiales"

 

Aún hay jóvenes que entusiastas piden ser capturados por la lente.

 

Fervor guadalupano.

 

El campus de la Universidad de Colima, tan silente como la población que lo hospeda.

 

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Celebrando a
la virgen de El Platanar


Tal vez por simple curiosidad o por un mal desarrollado aprecio por lo que denomino “auténtico”, que va más allá de tendencias “fashion” o de estereotipos generacionales, tomé mi cámara y me dí a la tarea de seguir la motivación transterrenal de la feligresía católica que durante la noche del día 4 de febrero de caña año recorre los caminos del sur de Jalisco y de Colima para llegar a El Platanar, lugar de devoción que les permitirá contactar a sus mentores divinos en aras de obtener la gracia de su gestoría ante las más altas instancias celestiales que les hará llegar consuelo para sus almas atormentadas o para sus debilitados cuerpos. Si importar el motivo, la fiesta de la Virgen de El Platanar no deja de ser una oportunidad para celebrar la vida terrena más allá de su objetivo trascendental.

 

 La virgen de El Platanar desde su recinto

 

 

 

 

 

Una vela por cada plegaria. 

 

 La peregrinación. Tan pintoresca como tumultuaria

 

 La luna nos regaló un poco de luz para una larga exposición de la lente ante la plaza principal del pueblo

 

 Ojalá la virgen nos haga el milagro que todos estos adultos vayan a votar.

 

Parecía un día como cualquier otro, el cielo ciertamente claro y tacaño de nubes pero generoso de luz y y destellos. El transitar en las avenidas no parecía sino confirmación de la doctrina de lo rutinario que se alimenta a sí misma con el trajinar de quienes inconcientemente le rinden culto y pleitesía con la sagrada liturgia de la inconciencia.
 
Con la rebeldía de no someterme al tedio de las horas de tránsito hacia mi trabajo, me atreví a mirar un poco más allá del horizonte para apreciar que un beligerante y llamativo espectáculo se desarrollaba a lo lejos. Irreverente e indómito se mostró el coloso que como león frente a su reino ruge para reclamarle al sol el dominio sobre aquel feudo de luz.
 
Así se hizo ver el coloso