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Monthly Archives: mayo 2006

Esplendoroso amanecer

Es una mañana cualquiera, la disputa por el último pedazo de cobija terminó hace horas. La noche anterior, como hace muchas otras, recordé que debo tirar mi vieja almohada a la basura, por protuberante e incómoda, pero entre la urgente inmediatez de mi rutina la almohada obtiene un día más de indulto. Todavía escasea la luz natural, pero aún así el implacable chillido de un despertador mancilla el sagrado silencio del último sueño; la danza de los codazos no se hace esperar, entre la inconciencia de la modorra matinal cada quien espera que el otro se levante en pos de acallar tan molesto sonido; ninguno lo hace, mostrando franca rebeldía al señor del tiempo que sin piedad castigará la osadía con apuros y olvidos posteriores: ¿Qué será esta mañana? ¿las llaves? ¿la cartera? ¿el combustible del automóvil? En fin, en el camino se verá. Uno de mis críos que después de unos minutos se libera de sus sueños, aparece para sentenciar “levántense que llego tarde a la escuela!!” y en la danza de los codazos comienza un segundo acto pero esta vez el ganador habitual pierde por default, me refiero al que no sacó a pasear al perro la noche anterior, el que no sacó la basura, el que olvidó el encargo doméstico camino a casa, el que llegó tarde y pidió de cenar, ese soy yo. Telepáticamente advierto una sinfonía matinal de reproches que prefiero evitar, así que mi humanidad y yo, como entes separados por voluntad pero unidos por la tragedia de abandonar el lecho, marchamos juntos hacia la ducha. “¡Maldita sea, no sale agua caliente!” Es tarde ya, los semáforos hacen “compló” en mi contra mostrando sus rojas luces en cada esquina; “llegaré tarde”, reclama mi retoño como profetizando el castigo que le espera en la escuela, al no poder entrar a la primera clase del día, vaya vergüenza.

Termino mi inusual tarea de chofer y me dirijo al trabajo; algunos kilómetros de carretera, no aportan mucho a mi tempranera lucidez en una mañana que más asemeja a una tierna noche, así que me detengo a comprar un OXO-café camino a la fábrica; el primer sorbo quema un poco, así que soplando con vigor acertamos a dar un pequeño trago, el fragante aroma del café aviva mis sentidos y me dispongo a retomar el camino. El día ha nacido ya. Dirigiendo la mirada al horizonte percibo el más bello de los paisajes que pude contemplar en mucho tiempo, mi Sony Cibershot yace en la cajuela. Buscando plagiar tan fulgurante estampa acciono la cámara un par de veces, para después dedicar los últimos minutos del fugaz espectáculo a contemplarlo, recordando lo que desde una noche atrás en obra y omisión cometí, exclamo para mi frente a la taquilla de la naturaleza: “¡Caray, me salió barato el boleto!”