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Monthly Archives: octubre 2006

Pídele al tiempo,
que no se detenga
 
"Mi existencia tiene un pacto con la muerte, habré de vivir tanto como ella se tarde en alcanzarme”

 

 
 
 
 
 
 
 
Recuerdo el momento en que te conocí: tan corto de estatura como de palabras; me parece que fue ayer cuando después del sueño de la tierna infancia descubriste que el tiempo transportaba tu existencia y que el lejano destino final, te decían, era la muerte.
 
Aún sin percatarte de ello, bajo tus pies moviéndose el tiempo seguía aunque distante pareciera el día en que sin fondo tu andar se quedara. Cuando su transcurrir era heraldo de dicha y placer, injusto parecía andar con rapidez; aunque con la tristeza lo contrarío solía suceder.
Cuando el monocromo de tu juicio era tan predecible como inexacto, y entre el ser o no ser se agotaban tus respuestas, fue el tiempo lo que a tu conciencia color regaló para saber que blanco y negro es tan sólo el romántico contraste entre los párrafos y el papel de un libro de cuentos.
Fue el tiempo lo que sobre tus hombros puso el peso de tus palabras para que ahorraras en frases lo que cargar en consecuencias después no pudieras.
Fueron unas viejas fotos lo que hizo acordarme de ti, se me olvidaba que alguna vez exististe y que alguna vez formaste parte del que ahora veo en el espejo y me percato que aunque te recuerdo no extraño tu presencia, en lo que te has convertido es suficiente para hacerme buena compañía.
 
El propósito de la ecuación parece clara: tu existencia fue tan sólo un experimento, y el tiempo encargado de demostrar si valió la pena el ensayo. Así, le pido al tiempo que no se detenga,  porque por probar mucho queda todavía.