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Monthly Archives: febrero 2007

Real de catorce y el viaje incoherente
(1ª. Parte)
 
Para los que vivimos en una tierra donde bosques, volcanes y playas son vecinos del mismo barrio, la palabra “lejos” es más bien una ironía emparentada con el “cerca” de quienes entre la sierra y el desierto consumen horas para tan sólo salir del lugar donde se encuentran.
El vínculo sarcástico de tales palabras que denotan tiempo, lugar y distancia, fue el que motivó a mi voluntad para buscar el santo grial de la relatividad en pos del punto donde “cerca” y “lejos” comulgan en “aquí y ahora”. Tal pretensión podría cumplirse tal vez, en un lugar mágico donde el tiempo pudiera torcerse y las distancias anudarse.
Para emprender tan incoherente aventura pensé en buscar la ayuda de la savia alucinógena de algunas “plantas de poder” como Carlos Castaneda en “Las enseñanzas de Don Juan”, pero concluí que ese lugar mágico que ansiaba conocer no era exclusividad de las realidades alternas o hiperrealidad shamánica, así que abrí el “Google earth” que es mucho más poderoso que la mezcalina para recorrer grandes distancias en un instante, y busqué la ubicación de Real de catorce en San Luis Potosí.
Para la aventura en pos de Real de Catorce debía reclutar a quienes compartieran mi locura con igual entusiasmo haciendo a un lado las razones que al hombre blanco le impedirían emprender una travesía inútil ante sus ojos materialistas. Así, el único hijo de mi progenitora que no soy yo (a quien en este texto llamaré “Kirk”), y el hermano de mi hija que es nieto de mi madre y sobrino del primer recluta, mejor conocido como “Spok” (*), nos dimos a la tarea de recorrer los caminos de México para llegar a este anhelado lugar.

“…debía reclutar a quienes compartieran mi locura:
el capitán Kirk y Mr. Spok…”
 
 
La tripulación: el capitán “Kirk” y el contramaestre Mr. Spok

 
Las indicaciones que recibimos eran precisas, pero el tiempo que nuestro vehículo tardaba en encontrar la siguiente evidencia de ruta correcta nos hacía dudar con frecuencia. Spok preguntaba con regularidad: “¿falta mucho?” para recibir de Kirk con la misma frecuencia pero a mayor paciencia “no, ya no falta mucho”.

“…preguntaba Mr. Spok: ¿Falta mucho?…” 
 


No recuerdo haber contado tantas veces los mismos chistes, ni tampoco escuchar una y otra vez los mismos CD’s, por lo menos no desde la época en que mi juventud sólo alcanzaba para adquirir unos pocos álbumes (bendito MP3!!!), el tiempo era difícil de llenar ante la monotonía de aquellos lugares donde a pesar de las horas, el paisaje era exactamente el mismo: grandes plantas peludas, que más parecían corales de tierra firme que árboles, todo en un ambiente cuya llana inmensidad prolongada hacia el horizonte provocaba en mi una sensación de pequeñez tal como lo hace el mar con su imponente bastedad. Los especímenes cuyo follaje semejante a la pelusa de un ombligo, se intercalaban como rebeldes entre ese pardo bosque de peludos troncos como recordatorio que aunque pelones y tristes también son árboles e igualmente vivos saludan tolerantes al implacable sol sequía tras sequía.
 

Extraña vegetación peluda
 
Tras la conciencia de estos hechos, caí en conclusión que nos acercábamos a nuestra mágica meta, porque el tiempo y la conciencia de él eran fáciles de perder; tan sólo entre un par de temas de conversación podía haber transcurrido una hora o tan sólo unos minutos: era el camino hacia Real de Catorce.
Cada páramo parecía coquetear con mi alucinante meta, el enervante sabor a desolación del altiplano embriagaba mi conciencia obligándome a descubrir la belleza en esos minimalistas decorados, tal como lo haría un cliente de cualquier austero congal que del aguardiente se vale para encontrar sensualidad entre los adiposos pliegues en la piel de su veterana y poco femenina acompañante: después de la tercer botella todo mejora. Así, poco a poco fui enamorándome del ahora exótico paisaje, entendiendo que estábamos graduándonos de parvulitos en la escuela de quienes buscan admirar a Real de Catorce con todo su esplendor.

“…después de la tercer botella, todo mejora…”
 


 Remedos de pueblo comenzaron a aparecer haciéndose acompañar de una contrastante luz que se hacía reflejar en cualquier superficie por rugosa y gris que esta fuera, endureciendo las sombras haciendo un interesante juego de contrastes entre luz enceguecedora y sombras ultra enegrecidas, haciéndole al “Rembrant” con su claroscuro.
 
 
 
 


Rincones atrapados en el pasado


Un rincón “cochino”

La altura aumentaba y el cielo pareciera abrirse poco a poco, aclarando aún más el paisaje entre un intensísimo azul cielo, como si la naturaleza correspondiera a nuestro embelezo visual y se desnudara para dejar que nuestra imaginación y su belleza se poseyeran mutuamente en una voluptuosa danza de contemplación y locura que provocaba euforia entre quienes pasajeros de aquella Ford Ranger veíamos a lo lejos el principio del fin de nuestro camino: el túnel Ogarrio de Real de Catorce.

(Continuará)